El error más frecuente en obra nueva al poniente de Zacatecas es asumir que, por estar lejos de la costa, el riesgo sísmico es nulo. Es una falsa tranquilidad. La combinación de depósitos aluviales en el Valle de Guadalupe y la presencia de mantos freáticos someros en temporada de lluvias, con los sismos intraplaca que ocasionalmente despiertan fallas regionales, genera condiciones que ignorar un estudio de SPT orientado a evaluar el potencial de licuefacción puede costar caro. De hecho, las Normas Técnicas Complementarias para Diseño por Sismo de la CDMX, frecuentemente referenciadas en el centro-norte del país, ya alertan sobre la necesidad de verificar este fenómeno en suelos arenosos saturados. Un análisis de licuefacción no es un trámite, es una radiografía del comportamiento del subsuelo cuando las partículas pierden contacto entre sí por exceso de presión de poro durante un evento telúrico. En Zacatecas, con sus más de 138,000 habitantes y una mancha urbana que crece sobre antiguos cauces, el equipo técnico revisa la historia de cargas y la microzonificación disponible para cada predio antes de emitir un solo número. Se cruzan los datos de penetración estándar con ensayos de granulometría para clasificar la fracción fina y determinar si el suelo es realmente licuable, usando metodologías como la de Seed e Idriss actualizada por el NCEER.
Un Factor de Seguridad inferior a 1.1 en arenas saturadas bajo el nivel freático estacional de Zacatecas implica un rediseño inmediato de la cimentación, no una nota al pie del informe.
