Zacatecas, fundada en 1546 sobre ricos yacimientos de plata, arrastra una dualidad geológica compleja: el subsuelo histórico está horadado por antiguos túneles mineros y oquedades, mientras los nuevos desarrollos urbanos se extienden sobre lomeríos de roca riolita y tobas compactas. Diseñar una aislación sísmica de base en este entorno no es un ejercicio genérico de catálogo. La proximidad al Graben de Aguascalientes y la actividad cortical del centro-norte introducen aceleraciones espectrales que obligan a calibrar cada aislador elastomérico con núcleo de plomo (LRB) o cada péndulo de fricción (FPS) a la respuesta local del sitio. Antes de definir el periodo objetivo del sistema de aislación, conviene tener claridad sobre la rigidez del subsuelo mediante un ensayo MASW que mida la velocidad de onda de corte (Vs30) y la clasificación sísmica del terreno.
Una aislación sísmica de base bien calibrada reduce las fuerzas laterales en la superestructura hasta en un 70%, manteniendo la funcionalidad operativa después de un sismo de diseño.
