Los suelos expansivos dominan buena parte de la mancha urbana de Zacatecas, especialmente en las laderas que descienden hacia el Arroyo de la Plata y en zonas como Guadalupe. La arcilla zacatecana, con un alto contenido de montmorillonita, puede cambiar de volumen hasta un 15% entre la temporada seca y la de lluvias. Hemos visto cómo ese movimiento diferencial agrieta muros de mampostería en menos de dos años si no se caracteriza bien la fracción fina. Por eso los ensayos de granulometría son solo el primer paso: los límites de Atterberg definen el comportamiento plástico real del material bajo ciclos de humedecimiento y secado. Con un muestreo en calicatas a 1.50 m de profundidad, extraemos muestras inalteradas y determinamos el límite líquido, plástico y el índice de plasticidad que rige la capacidad portante del terreno. En obra, correlacionamos estos valores con ensayos Proctor para compactar con la humedad óptima exacta que exige el reglamento de construcciones local.
Un índice de plasticidad mal calculado puede subestimar la presión de expansión en más de 50 kPa, suficiente para levantar una losa de cimentación.
