El error más frecuente que vemos en obra dentro del valle de Zacatecas es asumir que el número de pasadas del rodillo lo es todo. Se ejecuta un terraplén sobre un tepetate muy fragmentado, se compacta con equipo pesado y se da por bueno porque "se ve firme". Luego, al llegar la temporada de lluvias entre junio y septiembre, con precipitaciones que en esta zona semiárida pueden concentrarse en pocos eventos intensos, aparecen asentamientos diferenciales de varios centímetros. La compactación visual no sirve. El ensayo de densidad de campo con cono de arena, ejecutado conforme a la norma ASTM D1556, sigue siendo el método más confiable para verificar in situ que cada capa de relleno alcance el peso volumétrico seco especificado por proyecto, especialmente cuando trabajamos con materiales gruesos como los que abundan en las lomas de la Bufa. Complementamos este control directo en campo con la verificación de laboratorio mediante ensayos Proctor para definir la curva de referencia, y si el perfil presenta variaciones bruscas, recurrimos a las calicatas para inspeccionar la estructura del subsuelo antes de compactar la siguiente tongada.
En suelos volcánicos de Zacatecas, un valor superior al 95% del Proctor estándar no es un lujo: es la diferencia entre una plataforma estable y una fisuración prematura.
